Bilbao
the bilbao effect

El Museo Guggenheim metamorfoseó a Bilbao en una ciudad nueva y enérgica, una amable metrópoli de titanio y cristal, donde las ovejas pastan en las montañas circundantes. Pero también nos gusta el Bilbao que recupera, el que armoniza la construcción clásica con la radicalmente nueva. El botxo de la boina con vuelo, airosa y ladeada –de Bilbao, de toda la vida–, el del pintxo y el txikito.

chapeau!

A Faye Dunaway, atracadora icónica en Bonnie & Clyde y, antes que ella, a Ingrid Bergman, en la fotografía más provocativa del año 48, el póster de su película Arch of Triumph. A Coco Chanel, siempre diferente, y también a Dizzy Gillespie, uno de los músicos de jazz de los 40 que originó el término hipster. Hemos visto infinidad de nombres célebres llevando boina. Popular, bohemia, intelectual, chic, beatnik o revolucionaria, es un sencillo y plano cubrecabezas de lana, cuyos usuarios iniciales fueron los pastores pirenaicos vascofranceses. Con la primera guerra carlista se extendió al área peninsular y desde entonces se reconoce como la gorra nacional vasca, muy vinculada también a la cultura iconográfica francesa.
La boina se generalizó cuando se comenzó a producir industrialmente a mediados del XIX. De las fábricas españolas, solo una –la segunda más antigua de Europa– sigue funcionando. Boinas Elósegui, una empresa familiar fundada en Tolosa en 1858, es la única en España todavía capaz de fabricar una boina de calidad con el método artesanal. Se dice que en Bilbao se llevan las boinas airosas, con vuelo y ladeadas a la derecha aunque sin tapar la oreja. También, que cuanto más al sur de España y Francia, de menor tamaño prefieren las boinas. “Recta, calada, a la bilbaína, a la parisina… el misterio está en el diámetro y la gracia con la que te la pongas” –nos explica Josu Aguirre, jefe de administración de Boinas Elósegui– “porque la boina es siempre la misma”.

reacción en cadena

Con sus 400 kg por eslabón estas cadenas eran capaces de sujetar un superpetrolero o una plataforma petrolífera. Ahora ocupan un lugar de honor en el exterior del Museo Ría de Bilbao como testimonio de la importancia de la industria naviera, el transporte marítimo y la producción metalúrgica en el Bilbao pre-Guggenheim. Son las Cadenas Vicinay, que descansan donde antes se encontraban los Astilleros Euskalduna.

grabadas en piedra
Al adentrarse por primera vez en el Casco Viejo de Bilbao, uno de los detalles que más llama la atención es el particular tipo de letra de muchos rótulos de comercios y restaurantes. Caracteres fuertes y básicos que parecen una tipografía concreta, pero que en realidad son un conjunto de antiguas letras con atributos comunes. Es la conocida como letra vasca o euskara, quizás el más singular de los símbolos iconográficos del País Vasco. El euskera es una de las lenguas más antiguas de Europa occidental, anterior a las indoeuropeas, que no deriva del latín y cuyas raíces siguen siendo un misterio. La lengua que manifiesta el carácter autóctono del País Vasco. La letra vasca, surgida a principios del siglo pasado a partir de las inscripciones en lápidas medievales, se ha convertido en un elemento muy peculiar de expresión de ese sentimiento de identidad. Si la ciudad es un espacio escrito, en Bilbao, identidad y tradición se rotulan en letra vasca.

arte 48009

Alguna está tan asociada a Bilbao que ha pasado a ser parte de un retrato colectivo. Un fragmento de la cara de la ciudad. Sin embargo, Puppy de Jeff Koons, el monumental terrier de flores que custodia el Guggenheim, es solo una de las casi ciento cincuenta piezas que componen el parque escultórico urbano de la capital vizcaína. La de la imagen, Sitios y lugares, de Ángel Garraza, ubicada en el artístico código postal 48009 de Bilbao, concretamente en el Parque de la Ribera, forma parte del Paseo de la Memoria, un museo-jardín que recorre la ciudad a orillas de la ría y recuerda el pasado industrial de la zona.

pucker up!
“Verde, salada y un poco picante”. Por eso su creador la llamó gilda, como el personaje que interpretaba la actriz de padre español Rita Hayworth que tanto escándalo causaba ese año 1946. Fue un casual descubrimiento culinario que maridaba genialmente los sabores de una aceituna, una guindilla y una anchoa, simplemente ensartándolos en un palillo. El invento está tan extendido en Bilbao que la villa lo ha adoptado como propio. Ir de pintxos, la manera vasca de socializar recorriendo los bares con amigos, comiendo elaborados aperitivos pinchados en un palillo o montados sobre pan y bebiendo vino en pequeños vasos, no sería lo mismo sin la gilda. ¡Larga vida a la Gilda!
half full
En la villa el vino se bebe sensatamente dosificado. En el primer local, un txiquito, que así se llama al racional vaso de doce centilitros, y uno o dos pinchos. Amigos, charla y risas llevan al próximo bar donde se repite el ritual. Y así sucesivamente. Es lo que los bilbaínos llaman el txiqueteo o poteo, porque pote es otra manera de llamar al txiquito de vino. Un hábito de relación social tan arraigado que es ya una tradición. Desde hace unos años, se ha recuperado el vaso en el que bebían los antiguos txikiteros, aunque su peso de más de 600 gramos lo hace difícil encontrar en las tabernas. Se fabrican manualmente por lo que no hay dos iguales, pero su base de vidrio prensado siempre ocupa más de la mitad del recipiente. Se desconoce su origen aunque se sabe que se instauró en Bilbao a raíz de la visita oficial de la reina Victoria Eugenia. La ciudad se engalanó con farolillos, pequeñas velas que usaban el vaso como candiles, que fueron regalados a los hosteleros, tras la marcha de la reina, quienes los convirtieron en el vaso de poteo por excelencia.
hola carola
A su paso se paralizaba por completo la actividad del astillero mientras sonaba la sirena. Corrían los años cincuenta y la escena se repetía dos veces cada día cuando Carol Iglesias, una rubia empleada de Hacienda, iba y volvía en el bote que atravesaba la ría para comer en Deusto. En su honor los operarios llamaron Carola a la nueva grúa, la joya del puerto. Construida en 1957, la grúa Carola, era la más alta y potente de todo el estado y emplazaba al puerto de Bilbao como uno de los más importantes del mundo. Ahora, roja y ennoblecida a la categoría de escultura, sus sesenta metros se alzan como un símbolo majestuoso del pasado industrial de Bilbao.
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