Empordá
life imitates art

Dicen que es su luz mediterránea y su atmósfera limpia por la continua tramontana. Que es el equilibrio de su paisaje, verde en la planicie interior y azul en la costa escarpada. Que sus antiguas masías aisladas permiten alojar amplios talleres y que sus gentes están acostumbradas a acoger sin juzgar. Lo cierto es que l’Empordà, la más noreste comarca de Girona, en el límite de Cataluña con Francia, es tierra de artistas, un refugio magnético que atrajo y atrae a pintores y escultores. En los treinta, cuando era aún un edén inexplorado, lo descubrieron los que escapaban de la guerra inminente y, luego, de la Europa ocupada. Fue el “paraíso azul” de Marc Chagall, el primero en llegar. Años más tarde, Truman Capote lo eligió como retiro para escribir. En los cincuenta, Hollywood lo convirtió en escenario de películas protagonizadas por Liz Taylor o Ava Gardner. Con Dalí establecido en Port Lligat, el desfile de artistas fue incesable: Magritte, Picasso, Man Ray, García Lorca… Este Empordà reclamado por el arte, también el de la tradición cerámica y los pueblos medievales fortificados fue por el que nos sentimos cautivados.

terracota

Sentada a la luz de una de las ventanas del obrador, frente a los pequeños recipientes con los colores que ella misma ha creado, dibuja en un cuenco de cerámica usando un punzón como si fuera un lápiz. Con mano experta y el estilo heredado de su tía, traza un pez que después pintará con un pincel o con una pera de aire. Rosa Maria y sus dos hermanas, Núria y Maria Puigdemont, forman la tercera generación al frente de este alfar artesano en La Bisbal, la capital de l´Empordanet, alias cariñoso con el que se conoce a la comarca gerundense del Baix Empordà. Una ciudad con actividad cerámica desde hace quinientos años y una historia de altos y bajos asociada a ella, pero cuyo sector ha sobrevivido, haciendo de la población uno de los centros productores más importantes de Cataluña Cuatro son los motivos para que “cerámica” y “La Bisbal” sean conceptos indisociables. Nos los explica el restaurador Toni Bofill en el museo de alfarería y cerámica industrial de La Bisbal, el Terracotta Museo, que ha conservado el nombre de la fábrica de revestimientos del siglo XIX donde está ubicado. En primer lugar, la proximidad del macizo de Les Gavarres y su necesaria producción de leña y carbón para los hornos. La gran calidad de la materia prima es el segundo motivo. En la zona se dan dos arcillas diferentes, una roja y otra blanca, ambas singularmente plásticas. El clima, idóneo para evaporar el agua del barro en verano y para conservarlo en invierno, es el tercer motivo.
Sin embargo, un entorno tan propicio no hubiera generado fruto alguno sin la fundamental labor de las familias artesanas, que han cultivado y transmitido la tradición y que actualmente cuentan con la marca de denominación de origen "Cerámica de la Bisbal" para proteger sus productos. La cerámica de La Bisbal se caracteriza por ser eminentemente popular, utilitaria y, como rasgo más distintivo, colorista. Alfarería de pigmentos saturados y brillantes, barnizados y cocidos once horas a mil grados centígrados. Históricamente, se producían todo tipo de vasijas, para uso doméstico y agrícola, entre las que el botijo todavía es uno de las piezas más buscadas. El paso del tiempo trajo consigo la fabricación de azulejos que afianzaron cuatro tonos como característicos: el amarillo paja, el tierra rojizo, el verde y el azul marino. A partir de los años 40, con la aparición de nuevos materiales como el plástico o el acero inoxidable y el abandono de la actividad rural, los objetos de alfarería dejan de ser necesarios para convertirse en decorativos. La situación hubiera acabado con la cerámica de La Bisbal, pero el boom del turismo en la zona, algunos años después, popularizó este uso ornamental e hizo que algunos artesanos reorientaran su producción.

within the walls

El Baix Empordà medieval fue muy activo y dejó una huella arquitectónica notable. Era territorio de paso y escenario frecuente de enfrentamientos. Para mejorar su visibilidad y la defensa en los ataques, los pueblos se construían en la cima o las vertientes de las colinas. La importante casa feudal de Peratallada, creció alrededor de su castillo que se alzó sobre una gran roca tallada verticalmente para aumentar la altura de la construcción principal, la almenada Torre del Homenaje. De ahí proviene su nombre. Del latín “petra scissa”, derivó al catalán “pedra tallada”: piedra cortada. Con tres murallas y un profundo foso, era una fortaleza inexpugnable que, según cuenta la leyenda, aún esconde pasadizos subterráneos que desde el castillo llevan al bosque cercano.

guest stars
En los alrededores de Palamós, el pueblo costero de l´Empordà en el que Truman Capote escribió A sangre fría, muy cerca de la playa de Es Castell, se encuentra Mas Juny, una finca que tuvo como invitados a Coco Chanel, Orson Welles o Elizabeth Taylor. Esta es la historia de la cabaña de piedra vecina con la puerta surrealistamente inclinada: la Barraca de Dalí, un tímido reflejo de lo que las paredes de Mas Juny podrían contar. El primero en adquirir la finca fue el pintor Josep Maria Sert, autor de los murales de la Sociedad de Naciones, el Rockefeller Center o el Waldorf Astoria. Su segundo propietario, Alberto Puig Palau, vividor, millonario y mecenas, hizo que continuara brillando. Gracias a él, Ava Gardner protagonizó El holandés errante en la Costa Brava. Dalí era asiduo a las fiestas flamencas de Puig Palau, que reunían a personajes del arte y la cultura con figuras del toreo, el cante y el baile. Como regalo, hizo construir para el pintor un estudio en el que pudiera trabajar. Dalí nunca la uso, pero la cabaña ha quedado como recuerdo anecdótico del esplendor de una época.

bisbalenc

Sus cuatro diferentes texturas se diferencian y confunden en el paladar: el azúcar crujiente que remata su cobertura exterior de piñones se mezcla con su fina masa de pasta de hojaldre y su suave relleno de hilos de confitura fresca de calabaza, el cabello de ángel. El bisbalenc –gentilicio catalán de los nacidos en La Bisbal d´Empordà– no solo es un pastel con un emplazamiento geográfico en el nombre que ya lo convierte en típico de la localidad, sino también una creación firmada en 1932 por Modest Sans, un artesano pastelero que desde su Viladesens natal se estableció en La Bisbal. Con la llegada del turismo a la zona, el éxito del bisbalenc se extendió de tal forma que la pastelería Sans de La Bisbal, donde se sigue preparando con la receta original de su creador, lo registró oficialmente. Debido a que mantiene sus cualidades a temperatura ambiente durante varios días, desde allí viaja cruzando fronteras hasta los hogares de los muchos visitantes que lo compran.

keep cool
Agua siempre fresca, a pleno sol, en el más tórrido y sediento de los veranos. La magia se llama botijo y es una simple vasija de barro cocido. Un invento del sur mediterráneo español convertido en icono histórico de la cultura popular. Su diseño, tan inteligente como solidario, permite beber de forma limpia la misma agua fresca a quien la necesite directamente desde el fino chorro que se hace caer por el más estrecho de sus dos orificios. Enfría porque el agua se evapora por los poros de la arcilla y extrae parte de su energía térmica. Es el llamado “efecto botijo” que funciona mejor cuanto más sol le dé. El calor y el aire seco aumentan la rapidez de la evaporación y el botijo tendrá mayor rendimiento pudiendo hacer descender la temperatura del agua hasta quince grados. Fue un objeto tan útil y adaptable que no hay región que no tenga el suyo. Los de la imagen, parecidos pero no iguales, fueron hallados llenando una bóveda del Convento de Sant Sebastià de La Bisbal. Agrietados e inservibles, fueron material constructivo. Ahora, en el Terracotta Museu de la ciudad, disfrutan de una etnológica segunda vida.
on the house
El ciprés, con cuya resistente madera se dice que Noé construyó su arca, tiene en Cataluña un simbolismo y un uso que trasciende su habitual imagen funeraria. Si los vemos en grupo, seguramente estarán dispuestos en una hilera compacta, y significa que estamos en l´Empordà donde, como una pared verde que se levanta en la cara norte de un cultivo, lo protegen de la fuerte tramontana. En solitario, más que al cementerio, el folclore catalán lo asocia con el árbol del cuento y la leyenda. Lejos de ser la insignia del lugar donde todo se acaba, la tradición lo identifica con el punto donde se inicia la supervivencia, pues plantado cerca de una masía, es símbolo de hospitalidad. Los relatos dicen que un código no escrito revelaba al peregrino o necesitado lo que la casa le ofrecería cuando llegaba a su portal. Un ciprés en la puerta significaba que le darían pa i trago: pan, vino y embutido. Con dos, podía esperar una comida completa y tres, le permitían además pasar allí la noche.
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